lunes, 7 de mayo de 2012

Insomnio

Perdida.
Me traslado de un rincón a otro.
No concibo el sueño.
Oigo el viento rodando entre las calles.
Busco algo que sostenga mi insomnio: la pila de libros a un costado de la cama, una caminata por el diminuto patio, mirar por la ventana la vereda vacía, una ducha tibia.
Escucho una canción de Nina Simone y su piano me transporta, onírica, al fin del mundo. Y puedo sentir el infinito como un espacio terriblemente azul y absoluto que invade intimida incomoda.
Navego con cada nota del piano de Nina y mi cuerpo es leve y hay flores y peces y hojas secas que suenan y crujen.
La soledad es perenne.

Repaso.


Las lágrimas me brotan gordas y caudalosas. En vez de caer, rotan por mis mejillas como fardos empujados por el viento o cantos rodados a la orilla del río. Invadida por el agua salada, miro la punta de mis pies sobresaliendo hacia el borde de la bañera.
Repaso mi cuerpo con el dedo, como quien recorre las líneas de un mapa. Las piernas levemente ensanchadas al llegar a la cadera, toda gordita la vulva, la panza escapando hacia la superficie, afinándose el contorno en la cintura, el torso más huesudo cerca de los pechos; invadidos por el movimiento del agua en pequeñas olas que cubren y destapan mis pezones. Y se mezclan, con el pelo que reposa, húmedo, adherido a la piel como lo hacen las algas con ciertas piedras.
Algunos recuerdos se sienten rugosos al tacto.













viernes, 27 de abril de 2012

El brote.

Un brote de
alegría flota y
es camalote
en pétalo que 
acaricia el
agua marrón.
Los días no
me caben ni
un florero los
sostiene.
La mirada se
interrumpe en
un paisaje muy
lejos que
dibujo con mi
aliento y
arrullo con el
alma.

viernes, 23 de marzo de 2012

Confección

Descubro un hilo que cuelga del brazo.
Tiro para quitármelo de encima; paso del codo al hombro del cuello a la cabeza y así, hasta descoserme entera.

Siento que alguien se acerca y, sin darse cuenta de mi presencia, sigue su camino. Me pisa.

Totalmente desaliñada, enhebro una aguja. Confecciono varias puntadas y no logro corregir mi postura ni variar mi extensión ni cerrar viejas tajaduras.
Entonces, me abro entera.

Hay vestiduras que pretenden un gesto de mi parte.


competencia

el sol se mueve en mi patio entre las estaciones del año y del alma que se alborota ante el cambio en el cielo y la tierra y los vientos leves y crueles fríos capaces de disparar la mente por rincones del domicilio cotidiano en el que viven los días involucrados en cenas y vinos y espacios laborales compitiendo con los del placer de un desayuno sin breteles y sábanas que abrazan tratando de ganarle una partida a la pérdida de tiempo en las filas burocráticas y recordar el mate que acompaña el riego del jardín y el brote de otro día en nueva estación del año igual a otros pero distinto en las marcas de mi rostro y en las ganas de reír a boca de jarro mientras como

uno

a

uno

los higos del verano.

viernes, 27 de enero de 2012

La belleza del mal tiempo














Efecto visual que estimula un silbido
un disparo y delinea en el cielo
una nube en horizonte
que diferencia el cielo de mi maceta
con jazmín en tierra que remuevo
mientras escucho la bulla de una tormenta
formarse en colores ocres
sentirse en gotas que pesan.
Miro hacia arriba y contemplo, la belleza del mal tiempo.


Deseo

Salvame de esta vereda inmunda de hojas gastadas y en desuso y del raquítico rasgo de ramas inhabitadas en este final de otoño hundido en mis pulmones cerrando los ojos hacia un nuevo verano florecido en pétalos tamaño lluvia de laderas y faldas y algarrobitos chuecos a la vera del camino que te esperan caer en mis brazos y besarte los ojos y lamerte los labios y llorarnos de nuevo corriendo entre las piedras en patas hacia el río como queriendo abarcarlo y rogar que no agote su caudal en mi deseo de vivir sin finales sin sequía en un eterno enero.